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¿Por qué no salimos a trabajar fuera de España?


El apego familiar, el rechazo a la movilidad, los idiomas o las carencias formativas son los principales motivos de que los españoles nos hayamos convertido en los europeos menos dispuestos a salir al extranjero en busca de empleo. Los que se deciden a probar fortuna lo hacen obligados por las circunstancias económicas y siempre esperan volver a España en un futuro próximo.

Spain is different. Este dicho, acuñado en tiempos en los que los toros, el sol y la paella convertían a España en un destino exótico, sigue de actualidad. No sólo porque aspectos culturales como el humor, los horarios de las comidas y de trabajo nos hagan distintos al resto de europeos, sino también porque nuestro fuerte arraigo familiar y la falta de movilidad laboral nos convierte en una rara avis para nuestros vecinos.

A los españoles nos cuesta movernos, “tanto fuera de nuestras fronteras, en comparación con el resto de Europa, como en el ámbito nacional”, asegura Marta López-Tappero, responsable del departamento de movilidad internacional de Adecco. Y eso que en este último año la población española residente en el extranjero ha aumentado un 8,2%, hasta los 1,7 millones de personas. Una cifra que, sin embargo, dista bastante de los casi cinco millones de parados que engordan las listas de los servicios públicos de empleo, según la última Encuesta de Población Activa (EPA).

La crisis “ha obligado a muchos plantearse salir al extranjero”, indica Marie Anne Reynell, coordinadora de prácticas internacionales de la Fundación Empresa Universidad de Navarra. En 2008, fueron 36.000 los nacionales que salieron fuera a trabajar, mientras que en 2010 esta cifra aumentó en un 64%. Y es que, “posiblemente en otras circunstancias, los que se han ido hubieran preferido quedarse en casa, que es mucho más cómodo y seguro”, apunta Reynell.

El 24% de los españoles se excusa en el idioma para no emigrar, y el 22% dice que no tiene dinero

La barrera idiomática, la herencia histórica cultural, la falta de información sobre cursos o trabajos en el extranjero, los escasos beneficios sociales que se dedican a los expatriados, o el apego a la familia, son algunos de los motivos que esgrimen los expertos para explicar por qué a los españoles nos cuesta más que al resto desarrollar nuestra carrera profesional en otro país.

Cierto es que la crisis ha empujado a muchos a mirar otros horizontes en busca de una oportunidad laboral, pero, según un sondeo realizado por Trabajando.es y Universia, del 91% que dice estar planteándose lanzarse a buscar Eldorado fuera de nuestras fronteras, un 40% cree que hay carestía de ofertas internacionales; un 24% se excusa en el idioma para no emigrar a un paraíso laboral más fértil y un 22% dice necesitar dinero para poder trasladarse fuera de sus fronteras.

Los expertos coinciden en que cualquier excusa es buena en una sociedad “tan enraizada” como la española. En otros países, el arraigo es “muchísimo menor”, indica Elisa Martínez de Miguel, socia de Neumann International, quien añade que “en las universidades extranjeras, la visión de desarrollo de carrera es mucho más global. La calidad de vida es menor y la raíces familiares son casi inexistentes. Es gente mucho más de empresa”.

España debe acometer reformas profundas para evitar que la fuga de talento se convierta en un problema

El problema idiomático también es un obstáculo importante. “Los españoles son grandes comunicadores, y si no dominan el idioma y la cultura que les rodea, pueden llegar a sentirse inhibidos”, señala Marie Anne Reynell.
Esta brecha con los idiomas suele ser consecuencia de una formación excesivamente teórica y con profundas fisuras, amén de una falta de costumbre de convivencia con otras culturas. Estas lagunas académicas no impiden, sin embargo, que cada vez sean más los jóvenes convencidos de que es necesario forjar su experiencia laboral en el extranjero. Para Elisa Martínez de Miguel, “hay mucha gente joven que sólo acepta un trabajo si se le manda fuera, porque les interesa adquirir un bagaje internacional”. Este cambio de tendencia encuentra respuesta en la grave crisis económica que ha obligado a los recién licenciados a mirar más allá de nuestras fronteras para abrirse las puertas que, en muchos ámbitos, se les están cerrando en España. No en vano, el paro juvenil alcanza ya una tasa del 43%, la mayor de Europa.

Perfil del emigrante
La emigración laboral no es exclusiva de los menores de 25 años. Los mayores de 30 años también se están planteando salir a buscar ‘fortuna’ fuera, pero “somos poco móviles”, recuerda Carlos Lozano, director del Global MBA de EOI. Ataduras ligadas a la edad, como la hipoteca y los hijos y “las peores condiciones para los expatriados”, recuerda Carlos Recarte, socio de Neumann International, se convierten en trabas difíciles de salvar. “Antes, los directivos que se iban veían doblado su salario, mientras que ahora se van por el mismo sueldo y con no tantos beneficios”, explica Recarte.

La vivienda en propiedad y la política de subvenciones suponen trabas difíciles de salvar

El perfil del emigrante laboral ha evolucionado. En la década de 1960, cuando España vivió un importante éxodo de mano de obra, el idioma y la formación no eran requisitos indispensables. Se buscaba un perfil bajo. “Ahora se necesita gente cualificada”, indica Josep Soler, director general del IEF. La globalización y la disparidad del ciclo económico no sólo están obligando a los trabajadores a mirar más allá de su código postal, también están invitando a que la gente tome conciencia de que una oportunidad laboral en el extranjero es más que eso, “supone vivir la experiencia de estar en otro lugar, de vivir lejos de lo conocido e involucrarse con una cultura diferente”, señala el estudio de Trabajando.es en colaboración con Universia. Y con unos meses en el extranjero no basta para adquirir esa mundología. Por ello “el 56% de los españoles que dicen querer trabajar fuera de sus fronteras esperan que la duración de este experimento laboral sea de más de un año”. Aunque hay una mayoría interesada en emigrar a otro país en busca de un trabajo mejor remunerado y más estable o de una experiencia que le sirva para el futuro, “cuando se emigra, en el 99% de los casos se hace pensando en volver”, señala Soler. Después, “si se instalan en el país de acogida, lo más probable es que no regresen”, indica el director general del IEF. “Los mejores no volverán”, un hecho que “hace mucho daño a España” pero a lo que, sin embargo, “no se le está poniendo remedio”, afirma Soler.

La salida de jóvenes cualificados, recién licenciados o directivos curtidos en firmas internacionales supone un problema para España cuando éstos se van y no regresan. La fuga de talento entraña grandes problemas para las empresas que se pueden llegar a encontrar con huecos generacionales que no saben cómo cubrir.

Para evitar que este problema se agrave, tanto las instituciones como el Estado, según los expertos consultados, deberían plantearse reformas estructurales profundas tanto en educación como en el mercado laboral. Según Sylvia Taudien, directora general de DcorporateCom, “en el ámbito macroeconómico, hay que crear un modelo educativo más dual orientado al mundo de la empresa e, incluso, repetir fórmulas que han funcionado en otros países”.

Josep Soler también apunta a una reforma importante del mercado laboral como vía para intentar solucionar el problema que arrastra España, “favoreciendo los contratos parciales y flexibilizando la contratación, entre otras medidas”.
Esta renovación que proponen los expertos para evitar que el talento no huya de nuestras fronteras para siempre, también tiene que empezar por el individuo. Taudien cree que los jóvenes españoles deberían “apostar por su formación e intentar reunir experiencia profesional en sus épocas de asueto para que el mercado laboral no les resulte tan extraño tras terminar su carrera”.

“La internacionalización de las empresas españolas”, indica Gonzalo Barbadillo, director del área de Human Capital de Deloitte, “también facilita el movimiento del talento español” y, además, se convierte en garantía para que los mejores vuelvan. Hoy muchas compañías deciden mover a sus empleados entre sus distintas filiales para que éstos adquieran una experiencia internacional necesaria.
En cualquier caso, y según Carlos Lozano, “lo más importante ante esta situación debe ser lograr un cambio cultural. Técnicamente hay gente muy preparada y exitosa en España, lo que indica que contamos con las habilidades y los conocimientos necesarios para desarrollar la carrera profesional en el extranjero”. Lozano recuerda que ahora “nos toca vivir otra época en la que no nos podemos permitir el lujo de caer en el conformismo”.

Expansión

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