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Quemados en la oficina


El exceso de tareas y un estilo directivo autoritario suben la temperatura en el trabajo y encienden la apatía, dejando al empleado reducido a rescoldos. Extinguir este fuego antes de que se propague es clave para recuperar un ambiente saludable… y más productivo.

Tiene demasiadas cosas que hacer, el tiempo no le da para más y, por si esto fuera poco, su jefe acaba de otorgarle una nueva tarea a la que no ha podido negarse. Y todo por el mismo precio, porque de subida salarial, este año, ni hablamos. Si piensa que esta es la historia de su vida, cuidado, porque tiene muchas posibilidades de ser víctima del síndrome del burnout, una de las dolencias más importantes asociadas al estrés laboral.

Douglas McEncroe, director de Douglas McEncroe Group, asegura que dejar abiertos varios frentes de combate cuando no se puede luchar es el principio: “Hay que relativizar el trabajo, que no se convierta en el centro de nuestras vidas. El trabajo no es lo único que llena al ser humano”. McEncroe es experto en liderazgo y como coach de directivos ha vivido muy de cerca las evidencias de este síndrome que puede propagarse como la pólvora: “La primera pregunta que les planteo es qué quieren en la vida. A menudo al shock que se refleja en la cara del cliente le sucede un largo silencio. Esto significa que es tan adicto a la acción y a la urgencia que no se detiene a plantearse sus objetivos más inmediatos pero, realmente, ¿existe una pregunta tan importante como esta?”.

Más vale prevenir
Atender las necesidades emocionales, espirituales y físicas es la mejor medicina contra el burnout. McEncroe afirma que una persona que está un poco en forma, come bien y se relaciona con sus amigos y familiares difícilmente va llegar a estar quemado.

Atender las necesidades emocionales, espirituales y físicas es la mejor medicina contra el ‘burnout’

Lotfi El-Ghandouri, fundador del Grupo Creative Society, explica que “el ser humano tiende, de una forma natural, a dar lo mejor de sí mismo. Somos seres generosos, el problema surge cuando ese gesto se convierte en sacrificio”. Para evitar esa situación, recomienda conservar la libertad de elegir y de decidir: “Diferenciar entre el proyecto que llevamos a cabo y la persona que somos. Tomar distancia y, si la organización fomenta la cultura del burnout, marcharse. Ningún puesto de trabajo merece ser pagado con la salud”.

Algunas de las propuestas de David Comí, socio director de Incrementis, para apagar este fuego que aviva la apatía están relacionadas con una gestión eficaz de personas. En primer lugar propone otorgar tareas y objetivos bien definidos, “de lo contrario el profesional tiene una sensación de agobio e incertidumbre ante una montaña de trabajo sin metas establecidas”. También es clave reconocer los méritos y valorar la implicación de la plantilla, generar un ambiente positivo y, por último, en caso de errores, no buscar culpables ni causas, “pensar y transmitir que toda equivocación es puntual. Lo realmente importante es tratar de mejorar y evitarlo en el futuro”.

¿Qué sucede cuando el quemado es el jefe? El-Ghandouri advierte que en esos casos puede arrastrar al equipo. “Si es una persona compleja lo mejor es tomar distancia. Si merece la pena, es importante dejar en sus mano la solución del problema. Hay que acompañar, no ayudar porque se corre el riesgo de asumir una resposabilidad que nos es ajena”.

McEncroe afirma debemos perder el miedo a los jefes y tratarles como personas normales: “Nada como imaginarles en pijama en su casa”. Anima al empleado a “compartir sus observaciones sobre los síntomas de burnout que ha percibido en su comportamiento, a expresar su preocupación y prestarle ayuda. Se necesitan grandes dosis de diplomacia, pero es lo más adecuado”.

Despido interior
El síndrome del quemado es una consecuencia del despido interior, “un proceso que lleva al profesional de una entrega positiva hasta la resignación laboral”, señala El-Ghandouri, quien además identifica otras dolencias derivadas de este estado de total indiferencia como el síndrome posvacacional o el del lunes por la mañana.

Sin embargo, Comí explica que la persona que padece burnout sigue intentando hacer su trabajo y, si no logra curarse, traspasa el límite y desemboca en el despido interior, es decir, “la actividad se para, el rendimiento es nulo y se presentan síntomas como la alienación, el distanciamiento, nula participación. El profesional espera que las cosas sucedan en lugar de hacer que tengan lugar”. Para Comí esto es básico. Lograr en lugar de hacer y evitar el presentismo: “El objetivo no es correr y correr, como los hiperactivos, sino llegar a la meta como los proactivos”.

 

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