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Cenas de Navidad, poco que ganar y mucho que perder


La fiesta de la empresa puede ser vista como un suplicio, un compromiso, un momento para divertirse o, incluso,como un acto para promocionarse. Sea como fuere recuerde que debe guardar las formas porque el lunes hay que volver a la oficina y hay ciertas famas que se ganan en este tipo de eventos.

Diciembre es el mes de las cenas de Navidad. Pocas compañías se libran de tener una. Cómo comportarse, de qué temas hablar, debe sentarse al lado de su jefe y, sobre todo, qué decir si no le apetece acudir son algunos de los dilemas que surgen cuando la fecha se acerca. “Las cenas de empresa, aunque se celebran en un entorno informal, no dejan de ser un evento profesional”, explica Rosaura Alastruey, directora de ProyectosTIC. Es decir, directivos, jefes y empleados juntos como en la oficina, pero sin estarlo físicamente.

Ante este panorama el hecho de no asistir se puede barajar como una opción. No obstante, se recomienda acudir o, al menos, hacer acto de presencia. Si esto tampoco entra en los planes, existen ciertas excusas: un viaje, los hijos o la salud pueden servir para escaquearse, aunque es posible que ninguna suene del todo convincente.

Alastruey recomienda que “no hay que pensar que es un evento impuesto ‘desde arriba’ al que se debe asistir sí o sí o que para escaparse hay que buscar la mejor excusa posible. Si la mentalidad es ésta, será una verdadera tortura”. Por eso, a la cena de Navidad se debe ir con ganas de pasarlo bien y con actitud de disfrutar. Pero, atención: “No hay que olvidar que estamos con compañeros de trabajo, no con amigos”, avisa Carolina Mouné, responsable de recursos humanos de Adecco.

Que la cautela guíe sus actos
Disfrutar con control, beber con moderación y pasarlo bien con ciertos límites. Esto es lo que debe suceder (o debería ser lo recomendable) en una cena de empresa. “En el fondo es como si se alargase la jornada laboral”, afirma Mouné.
Pilar Jericó, socia directora de Be Up, recuerda que “estos eventos no son entornos tan libres como si se estuviera sólo con amigos”. En ese sentido, Alastruey recomienda ser puntual, comer y beber con moderación, escoger un vestuario adecuado e intentar sentarse y charlar con compañeros y jefes diferentes del día a día. “Tampoco se trata de desinhibirse hasta límites insospechados”, advierte.

No hay que olvidar que el lunes se vuelve a la oficina. Por eso evite criticar a colegas y excompañeros, hablar más de la cuenta o sin control –”no sabemos delante de quién estamos y dónde irá nuestra información”, advierte la responsable de recursos humanos de Adecco-, sacar temas como la religión o la política y, sobre todo, no se tome un exceso de confianza. “Los comportamientos que se tengan pueden alzar o granjear una fama que quizá a uno no le interese después”, expone Jericó.

El jefe le ha tocado en su mesa
La presencia de los responsables suele cohibir, pero charlar con el jefe en la cena de empresa tiene su componente positivo. “En empresas de un cierto tamaño, este tipo de reuniones son de los pocos momentos en los que una persona gana cierta visibilidad de cara a los superiores”, afirma la socia directora de Be Up, aunque añade que “si uno mete la pata, resulta cargante o poco prudente, ésta será la imagen que guarde de él su superior. Algo nada recomendable para su futuro”.

Mouné indica que “al jefe hay que tratarlo como uno más, porque en las cenas de empresa no hay jerarquías, todos somos iguales. Además, en estos eventos el responsable no está evaluando e intentará crear un ambiente agradable”. Aproveche ese momento pero sin olvidar que al día siguiente volverá a ser un miembro más del equipo. Eso sí, “si habitualmente no tiene un tono cordial y cercano con el superior, no es momento para hacerse amigo”, advierte Jericó.

No se arrepienta de sus actos
Ya sea por el alcohol (una máxima que puede seguir es no beber más que su jefe), el exceso de confianza o la euforia, es posible hacer alguna tontería en la cena de empresa. De hecho, un estudio internacional publicado por Adecco el pasado año indicaba que el 20% de los americanos reconocía haber bebido demasiado en la fiesta de la oficina; el 7% dijo algo inapropiado -el 4% a su jefe-, y un 3% flirteó con un compañero o compañera. Así que para evitar un mal mayor: aplique sentido común.

Además, ya está Facebook o Twitter para recordarle lo que hizo en la cena de Navidad, y ciertos acontecimientos suelen comentarse durante una larga temporada.

Aun con todo… ¡Disfrute!

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